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Momo
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por Silvia Rodríguez
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Momo es una niña adulta o una adulta con alma de niña, de edad indefinida, que vive en un lugar ideal e irreal, deseable pero utópico y poco factible en nuestros tiempos; de vida sencilla y amigos siempre fieles, siempre felices; conviviendo todos en plena armonía, sin problemas, sin mentiras, sin sufrimientos, con todo el tiempo del mundo para jugar, reír, compartir... Hasta que hacen acto de presencia los “temibles hombres grises”, individuos sin rostro y sin alma, unos autómatas al servicio del “Gran Hermano”, de un “Mundo Feliz”, o de la virtualidad de una “Matrix”. Individuos sin escrúpulos y tenaces a la hora de desempeñar su funciones de guardianes, de llevar de nuevo “al redil” a los “elementos rebeldes” que contraigan el Sistema.
Dispuestos a cambiar lo más valioso que posee el ser humano, “el tiempo libre”, necesario y vital para sentirnos vivos realizados, para desarrollar nuestras inquietudes y cultivar nuestras relaciones personales, por generosos ingresos monetarios. Así, en la bucólica existencia de Momo y su amigos irá dejando su huella la acción de los hombres de gris, mientras que ella se muestra como paradigma de la incorrupción o inviolabilidad de principios y valores; todos acabarán renunciando a las horas que dedican a la semana a contactar con amigos y familiares, de leer o de ir al cine, o de simple evasión por horas de trabajo. ¿La recompensa? Mucho dinero..., ¿para disfrutar? No se sabe cuándo...
Se puede considerar a este “pequeño gran libro” como estandarte del rechazo más evidente hacia el feroz capitalismo y el cada vez más embrutecimiento “aborregamiento• de la sociedad; de unos tiempos en donde lo que vale es el rendimiento productivo, más horas de trabajo y menos tiempo para pensar.
Porque el saber sí que tiene lugar y el que sabe posee la mejor herramienta contra intolerancias, regles prefijadas, actitudes y pensamientos serviles y vacíos.
Quizá sea demasiado ingenuo la manera que utiliza Michael Ende para transmitir el mensaje de la obra, y es que (y también ocurre con “El Principito”) son libros para gente adulta, con información encriptada y tremendamente metafóricos, por lo que si no se lee con una actitud abierta y en cierto modo desde una mentalidad de infantil inocencia, puede resultar aburrido e insípido y considerado como una fábula con moraleja para críos.
Es por ello que el lector/a debe ir con aviso de lo que se va a encontrar y de cómo debe interpretarse esta historia; si la leen lo/as más jóvenes es conveniente que sea con la supervisión de un adulto. Si no, el mensaje simplemente no llega.
Sencillamente recomendable, e incluso, como “libro de cabecera”. |
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